21. No estás sola
Alessandro
La tensión en el auto era asfixiante. Ella permanecía inmóvil en el asiento del pasajero, con la mirada perdida contra la ventanilla. Ni una lágrima y tampoco había dicho una palabra desde que la ayudé a subir al auto.
Mi mente procesaba lo que acababa de presenciar. No los detalles, esos los había intuido desde que vi su expresión devastada, pero no esperaba la confirmación de Luigi mientras veía a Roxana caminar por el jardín. Por eso fui en su búsqueda, pero llegué tarde.
—Sí, el