20. La última mentira
Roxana
El interior del auto de Alessandro olía a esa colonia sutil que ya había aprendido a reconocer. Me acomodé en el asiento del pasajero manteniendo la mirada fija en la ventanilla, deseando que las luces de Milán pudieran hipnotizarme lo suficiente para olvidar la tensión que crepitaba entre nosotros.
—¿Prefieres música? —Su voz rompió el silencio que se había instalado desde que salimos de la mansión.
—No importa.
—¿Cómo va el proyecto de Andrea?
—Bien.
Podía sentir su mirada de reojo, pe