El sol del norte se ocultaba tras los picos de bismuto rúnico con la lentitud de un gigante cansado, proyectando sombras alargadas y afiladas que semejaban lanzas de obsidiana sobre la llanura inferior. En la Fortaleza del Eco, el viento de la tarde arrastraba un frío seco y polvoriento que se filtraba por las saeteras de granito, agitando las capas de la Guardia de la Sombra. Branka permanecía de pie en el centro del patio de armas, con las manos apoyadas en el pomo de sus dagas gemelas, obser