El eco de las cadenas de Gideon arrastrándose hacia las profundidades de las minas de bismuto se desvaneció en el olvido, pero el silencio que dejó a su paso en Colmillo de Plata no era de calma, sino de una intensa preparación. El invierno siberiano parecía dar sus últimos y más violentos estertores, azotando las murallas de granito negro con ventiscas que congelaban el aire al instante. Sin embargo, dentro de la fortaleza imperial, la actividad era frenética. La caída definitiva de los conspi