El silencio que asfixiaba a la Manada del Oeste comenzó a dar sus primeros frutos amargos apenas cinco días después. Tal como Vanya lo había previsto, la fruta podrida no tardó en caer del árbol de Jacob.
En el gran salón táctico de Colmillo de Plata, los mensajeros entraban y salían con informes que confirmaban el éxito del paso treinta y seis. Vanya permanecía de pie frente al mapa, anotando con marcas de bismuto negro los puntos de ruptura internos del enemigo. Su rostro no mostraba triunfo,