La primera primavera del nuevo imperio no trajo el aroma dulce de las flores del sur, sino el olor a tierra mojada, a hierro fundido y al sudor de los miles de obreros que reconstruían los caminos comerciales. El bismuto de las minas meridionales, mezclado con el acero templado de la Fortaleza de Hielo, había dado nacimiento a una nueva clase de aleación: el Metal Negro, un compuesto tan ligero como el cuero de combate pero capaz de desviar una flecha incendiaria a corta distancia.
Vanya perman