El asalto desde la Garganta del Lobo Muerto cayó sobre la retaguardia del sur con la precisión letal de una guillotina.
Los centinelas de la guarnición de Marcus ni siquiera tuvieron tiempo de procesar las enormes sombras que caían desde la ladera rocosa. Antes de que el primer guardia pudiera alzar su cuerno de guerra, las mandíbulas de un colosal lobo negro le partieron la tráquea en un movimiento limpio. Alek, de regreso a su imponente forma humana en medio del caos, decapitó a dos capitanes