Me quedé allí un rato, intentando transmitirle toda mi fuerza y mi amor. Las palabras del doctor Lionnes seguían resonando en mi cabeza, pero me negaba a perder la esperanza.
Salí de la sala con el corazón encogido, pero con un pequeño hilo de esperanza agarrado a mí.
Al volver a la sala de espera, vi a Max y a Alicia aguardando con impaciencia.
—Va a ponerse bien —dije, más para convencerme a mí misma que a ellos—. Tiene que ponerse bien.
Alicia sonrió entre lágrimas y Max volvió a abrazarme.