—Sí —respondí sin dudar—. Te lo permito. Voy a dejar el miedo de lado y voy a permitirme ser feliz contigo.
Entonces él me besó, y yo me entregué al momento, sintiendo cómo me acercaba más a su cuerpo.
El beso de Christian empezó a intensificarse y me perdí en la sensación de sus labios contra los míos.
De repente sentí mis pies levantarse del suelo. Me cogió en brazos, como si fuese una novia, y eso me pilló totalmente desprevenida. Solté un gritito y rodeé su cuello con los brazos, sonriendo.