Me desperté asustada, medio sobresaltada, y tardé unos segundos en entender dónde estaba. La habitación seguía en silencio, iluminada solo por la luz tenue de la luna que entraba por la ventana.
Cuando abrí los ojos, me encontré con Christian sentado en el suelo, apoyado en la cama. Dormía con la cabeza apoyada en el colchón y aún me agarraba la mano. Se me encogió el pecho al darme cuenta de que yo también seguía sujetándole la mano con fuerza, como si temiera que desapareciera de allí.
“Segur