Abrí un poco más la puerta, dejándole espacio para entrar. Christian pasó despacio, con ese aire contenido que mezclaba elegancia y tensión. En cuanto entró, cerré la puerta detrás de mí, respirando hondo.
Mi corazón latía demasiado rápido, y ni siquiera sabía bien por qué.
Jamás imaginé que me pondría tan nerviosa solo por verlo otra vez.
— He traído la comida… — dijo, levantando una bolsa.
Sonreí, o al menos lo intenté.
— Ah… no hacía falta.
Cuando me giré hacia él, me di cuenta de que el bri