Los días parecían arrastrarse. Cada vez que sonaba el timbre, daba un salto pensando que podía ser Christian… y al mismo tiempo me aterraba que realmente lo fuera.
Aquel beso seguía consumiéndome.
El calor, la manera en que me sostuvo, el choque de nuestras bocas…
y también… las humillaciones, las veces que me hizo sentir pequeña, las palabras duras.
Era como un nudo: deseo mezclado con miedo.
Jess se sentó en la cocina. Le vi la cara, algo pasaba.
Cerré el portátil.
— ¿Qué pasa? — pregunté sua