Christian me volvió a echar para atrás, como si fuera un muro de hormigón viviente.
Seok me miró, sin entender muy bien.
— ¿Está bien? — preguntó, frunciendo el ceño.
Suspiré y forcé una sonrisa.
— ¿Podemos hablar dentro? Juro que vivo en Nueva York, pero no estoy acostumbrada a este frío. — mentí descaradamente.
Solo quería terminar con aquel ambiente.
— Está bien, pasad. — dijo Seok, yendo por delante.
Antes de que pudiera dar un paso, sentí la mano de Christian en mi brazo, tirándome de nuev