Pero algo en sus dedos llamó mi atención. Los nudillos estaban lastimados, los dedos rojos e hinchados. Pregunté automáticamente, sintiendo la preocupación volver a subirme por el pecho.
— ¿Qué te ha pasado en la mano?
Él no respondió de inmediato. Solo me miró con esa expresión tan típica suya, la misma de siempre, como si quisiera decirme que no me preocupara.
— No te preocupes por eso — dijo al fin, intentando restarle importancia. — Quédate con las chicas. Voy a darme una ducha.
Yo quería i