Capítulo treinta y ocho. Sutil seducción
Sebastián se quedó con esa sensación extraña en el cuerpo, pero se olvidó de todo al entrar a su piso y ver a Oliver sentado en la sala.
—Hola —dijo.
Oliver se levantó y caminó hacia él con una sonrisa pícara en los labios.
—Te extrañé, no pienso quedarme otro fin de semana sin ti —respondió Oliver antes de besar los labios de Sebastián con pasión.
Aquella noche visitaron El Inframundo y se divirtieron, se olvidaron del mundo y se dedicaron únicamente a ellos.
A esa noche le siguieron muchas en