Capítulo treinta y siete. Promesas
Oliver sonrió ante las palabras de Sebastián y no pudo más que sentirse mucho más enamorado y arrepentido por su proceder.
Ese mismo día Oliver volvió a ocupar su puesto como asistente de Sebastián y volvió a perderse en la oficina unas cuantas veces al día.
—¿Qué fue lo que pasó aquí? —preguntó Lucero frunciendo el ceño.
—¿Qué pasó, de qué? —Oliver prestó atención a su compañera.
—Nick fue trasladado a contabilidad y tú estás de regreso con nosotros. ¿El jefe y él ya no son nada?
Oliver se pus