Mundo ficciónIniciar sesiónSebastián miró fijamente a Oliver, deslizó su mirada por su rostro y luego hacia las manos de Victoria agarrando las de su chico.
¡Joder!, pensó Sebastián. Estaba loco por pensar en Oliver como suyo. Pero era así: él no era un hombre de medias tintas. Por esa razón no había buscado otra mujer, tuvo encuentros esporádicos, no iba a negarlo al fin y al cabo no era un puto santo para abstenerse de tener sexo.







