Mundo ficciónIniciar sesiónOliver se movió con sutileza, el cuerpo le dolía, específicamente su agujero. Sebastián había cumplido su promesa y lo había cogido hasta hacerle ver las estrellas. Se sentía tan jodidamente dolorido, pero tan malditamente satisfecho que no pudo evitar reprimir el gemido que abandonó sus labios.
—Santo infierno, Oliver, no te muevas —gruñó Sebastián a su oído y entonces Oliver fue consciente







