Mundo de ficçãoIniciar sessãoDarío esperó a que los hermanos Garibaldi volvieran a concentrarse en lo que estaba diciendo. Las expresiones férreas de esos hombres eran casi indescifrables, pero la tensión en la sala era imposible de ignorar. Darío respiró hondo, consciente de que lo que estaba por decir cambiaría el rumbo de todo.
—Por último —continuó, con la voz baja pero firme—. Gerónimo, me pediste que investigara a Jarret. S






