Mundo ficciónIniciar sesiónJadeó de placer de nuevo; su cuerpo volvió a enervarse ante el suave roce que ahora le propiciaba su hombre, todo lo contrario de lo anterior. Pareciera que ella era el tesoro más preciado de Gerónimo por la delicadeza y esmero con que la estaba tratando. Cerró sus ojos, pero lo escuchó decir:
—¡Mírame, cielo, quiero que me mires cuando te hago mía! —exigió de nuevo él.Ella lo hizo, sintiendo c&






