233. TE NECESITO
Guido se dejó llevar por Cecil, quien lo condujo a su habitación. Observó todo con curiosidad, pero su atención se detuvo especialmente en la cuna de su bebé. Se acercó despacio y tomó un juguete que permanecía en ella; lo olfateó, descubriendo en ese pequeño objeto un aroma que lo llenó de alegría y, al mismo tiempo, de un dolor punzante. Sin entender del todo la razón, rompió a llorar.
Cecil corrió hacia él y lo abrazó, acunándolo entre sus brazos. Mientras lo sostenía, cubrió su rostro c