ALESSIO
Santino y yo entramos a lo que era una bodega, al parecer era el sitio que usaban para reunirse con sus adversarios o más bien donde torturaban a sus víctimas. Lo que me sorprendió fue que, el lugar también lo utilizaban para entrenar, ya que de pasada me percaté que había una lona de luchas en un rincón de la habitación.
―Esto no da buena señal, mira el lugar ―murmuro Santino, a mi lado.
No podíamos echarnos para atrás, ya estábamos aquí. Simplemente, le eché una mirada de que guardara