ALESSIO
La atajé hacia mí y la besé con fuerza. Camino con ella hasta la cómoda y la presionó contra el mueble. La tomó de los muslos y la levantó para sentarla sobre la cómoda.
Su diminuta falda se sube, eso me daba más facilidad. Así que nomás hice a un lado su braga y metí dos dedos dentro de ella.
—Ale… —jadeo.
—¿Sí?
No dejé de besarla en ningún momento. Con mi otra mano masajeaba uno de sus pechos. Bajé hasta ahí y por arriba de su escote devoré sus pezones, los cuales ya estaban duros.
—¿