ALESSIO
Finalmente, mi padre, Antonella y Stefano, volvieron a Italia. Ahora ya podía comenzar con lo que tenía planeado, lo primero era viajar hasta Las Vegas.
—Me siento privilegiado —dijo Santi, en modo de broma.
— Pues disfrútalo, no todos los días ves a un Mancini pidiendo favores —respondí.
—Sin duda lo haré. —Asintió. —Sacaré provecho de esto.
—El efecto que causa el enamoramiento por mi hermana te ha dañado las pocas neuronas que tenías.
—Si jódete.
Antes sé que mi padre se fuera, tuve