Mason miró al otro lado del mantel blanco inmaculado a Noura Vandenberg, una rubia perfectamente arreglada que llevaba veinte minutos describiendo su labor benéfica sin tomar aliento. Su abuela estaba sentada a su lado, asintiendo de vez en cuando y haciendo sonidos de ánimo, pero Mason podía ver la disculpa en sus ojos.
—Y entonces le dije al alcalde que, si realmente le importaba la población sin hogar, apoyaría mi iniciativa de sacos de dormir de diseño. Quiero decir, solo porque no tengan h