Mason tomó la ruta que atraviesa Brooklyn para evitar las cámaras de tráfico. A quince minutos de Queens, su teléfono se iluminó con llamadas entrantes. Su junta directiva. Sus abogados. Su equipo de seguridad. Los ignoró a todos.
—Saben que nos hemos ido —dijo Scarlett.
—No importa. Ya casi estamos...
El sedán se desvió violentamente hacia la derecha. El sonido del metal raspando el asfalto llenó el coche mientras Mason luchaba con el volante.
—¿Qué...?
Otro impacto por el lado izquierdo. Un S