Marcó a Dan, mientras era observada con insistencia por Zac, por esos ojos obscuros que no presagiaban nada bueno.
Se mordió el labio al escuchar el timbre de la llamada. Dan no tomaba el móvil, y el nerviosismo creció cuando Zac se acercó, encerrando su cuerpo entre sus brazos, poniendo sus manos a los lados de su cadera.
Se tensó, asustada de sus pulsaciones aceleradas, de la cercanía de su hijastro, del calor que punzaba en su centro de deseo.
Antes de que sonara el último tono de llamada, D