No obstante, y pese a la emoción que tenía estar con él, lo nuestro no debía ser, por eso evité sus brazos los siguientes días en los que estuve viviendo en casa, hasta que, lo mío con Hans se formalizó y agradecí tener una relación que cubriera algo más que solo mi libido. Al lado de Hans, pese a todo, y antes de que fuera infiel, fui feliz, exploré mi sexualidad como no me permití hacerlo con mi hombre prohibido.
Hans nunca lo supo, nunca le dije que él no fue mi primera vez, y mucho menos le