La ayudó a llegar a su habitación, cargándola de nuevo, pese a las protestas nada efusivas de Mónica, al final, se rindió y se abrazó al cuerpo fibroso de su hijastro, sabiendo que no iba a poder subir las escaleras con sus músculos de gelatina que se negaban a responderle.
Además, el cuerpo de Zac la calentaba, le hacía sentir menos miserable. Sin pensarlo, se apoyó sobre el hueco de su cuello y cerró los ojos, mientras Zac caminaba por la casa, despacio, apretando su cuerpo femenino para sent