Por unos segundos, el silencio reinó en la casa, hasta que las pisadas fuertes y cansadas de papá se arrastraron hacia la escalera.
Minutos después, Rose entró a mi habitación sin hacer ruido alguno. Como seguía bajo las sábanas, casi inmóvil, solo cerré los párpados lo suficiente para parecer dormido.
Vestida solo con la camisa que bajaba hasta cubrir su sexo, mi madrastra se acercó a la cama. Se sentó a mi lado y me acarició el rostro.
―Mi hermoso bebé, perdona a mami por no cuidarte mejor, p