La volví a tomar con más calma después de su declaración, y saber que algo nuestro se estaba formando en su vientre me hizo amarla con más fuerza, algo que antes pensé que no podía suceder, ya que siempre la adoré y cuando me enamoré, supe que era la mujer con la que quería crear una familia.
Pincé sus pezones y moví la cadera para meterme entre sus montículos suaves al volver de ese viaje de recuerdos que me hizo apreciar más su cuerpo, su delicadeza.
Gruñí y jadeó.
―¡Amor! ―sollozó, revolvién