Alguna vez, en medio de la noche, escuché los gemidos de Rose, supuse lo que era, pero casi siempre pasaba cuando peor me sentía, así que nunca estuve seguro de que el sexo entre ellos fuera tan… ¿explosivo?, ¿agresivo?
―Amor, no hagas eso. André nos puede escuchar ―jadeó Rose y su voz sonó demasiado ardiente para ignorarla.
De haber tenido fuerzas, me hubiese levantado para verla suplicar, para descubrir qué le estaba haciendo papá, qué le gustaba.
―Deja de decir tonterías, putita. ―El chasqui