El trinar del metal en contacto con el platón de cerámica donde dejábamos las llaves de la casa, del coche y poco más, resonó en la estancia de la entrada.
Inspiré hondo y el aroma de la comida inundó mis fosas nasales.
A pasos cortos, me encaminé hacia la cocina, donde seguro la encontraría. En el trayecto, me desanudé la corbata celeste, y me quité los primeros botones de la camisa, así como dejé la americana sobre el sofá blanco y mullido de la sala.
Desde el arco que creaba una pequeña divi