Gimoteé al fin, mi voz halló la forma de salir y me moví entre ellos, mi cadera empujó hacia atrás, mientras mis pechos se hundieron en la cabeza de Tara, mientras me convertí en pequeñas partículas que exploraron la inmensidad del mundo con una sonrisa de satisfacción.
Andrew me abrazó con más fuerza y calentó mi vientre con su polución, con el temblor de su cuerpo que se sostuvo con el mío. Bramó y gruñó sobre mi oreja.
―¡Mía! ―aulló como un salvaje, aferrado a mi figura.
Y lo entendí, ese er