Chillé al encontrarme con su mirada, con sus ojos que me repasaron. Sonrió, una sonrisa oscura y misteriosa. Sus manos repasaron mis muslos y me abrió bien de piernas. Gemí por lo bajo y, sin que quisiera detenerlo, se metió en mi interior en un solo empujón.
Grité, el escalofrío me atravesó, mis paredes se abrieron con su gruesa envergadura. Mis puños apresaron la sábana, mientras Tara acogió mi pezón entre sus dientes y envió un rayo eléctrico directo a nuestra unión.
Mi boca se abrió, un fin