Quizá solo era cosa de una sola vez, quizá, al conseguir lo que quisieron quedaron satisfechos.
Las manos grandes de Andrew me tomaron de las caderas y sin casi esfuerzo me ayudó a subir sobre sus caderas a horcajadas.
―¿Tú qué crees, sirenita? ―cuestionó serio, su mirada oscurecida con la que barrió mis curvas y accionó un botón en mi cerebro para calentar todo mi cuerpo.
Temblé.
―N-no lo sé…
Gimoteé al sentir su dureza cobrando vida.
Aun quería más, quería más de mí.
Mis dedos dibujaron la so