―No puedo más ―musitó acalorado, separándose por un instante de su empleada, para proceder a llevar una mano a su pantalón y sin quitarse la ropa, bajarse el cierre y sacar su potente erección que de un solo embiste, metió entre los pliegues de Mare, a la que solo le apartó las bragas.
Mare jadeó, su cabeza cayó hacia atrás, sintiendo el pene duro, grueso y punzante de su jefe que la abrió como nadie lo había hecho, llegando hasta el final de su cavidad.
Casi llegó al orgasmo, casi, de no ser p