El estruendo del disparo resonó en cada rincón del castillo, como un trueno que se había incrustado en los huesos de todos los presentes. El silencio posterior fue aún más desgarrador: el eco del proyectil quedó suspendido en el aire, acompañado solo por el sonido ahogado del jadeo de Emma.
Su cuerpo se estremeció en el instante en que la bala la alcanzó de lado, rozando su hombro y clavándose con violencia. El impacto la hizo girar sobre sí misma; su cabello ondeó como una llamarada oscura ant