La noche en la mansión de Arturo Salvatierra era un escenario diseñado para engañar. Las lámparas de araña iluminaban los pasillos con un fulgor dorado, las copas de cristal tintineaban en salones privados donde se cerraban pactos oscuros, y el aire mismo estaba impregnado de poder, corrupción y miedo. Emma caminaba entre ese mundo con la sonrisa calculada de alguien que fingía pertenecer, mientras en su interior cada paso se sentía como una traición a sí misma.
Julián avanzaba un poco detrás,