Capítulo 120

El mármol del despacho de Arturo Salvatierra brillaba bajo las luces cálidas del techo, pero para Emma se sentía como hielo. Las paredes estaban forradas con estanterías de cuero y madera, llenas de carpetas cerradas y libros legales que solo servían de fachada. Allí, en ese lugar que olía a poder y a corrupción, comenzaba a tejer su propio juego. Un juego peligroso, uno donde un solo error la condenaría no solo a ella, sino también a todos los que amaba.

Desde que había aceptado fingir sumisió
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