―No necesito una enfermera ―afirmó Samantha con voz dura.
―Te desmayaste ayer, estás pálida, necesitas reposo y alimentarte, si tus amigas no están contigo te excederás con el cuidado de las niñas, y no puedes pretender que te cuiden en todo momento, que yo sepa deben trabajar.
―Estaré bien, Flavián, estoy acostumbrada a arreglármelas por mí misma, desaparece y mi vida volverá a la normalidad.
―Sabes que no puedo hacer eso, Aristo me ordenó que me quedara contigo, que contratara una enfermer