El miedo y la ira hicieron erupción en la cabeza de Samantha y sin pensarlo dos veces levantó la mano y lo abofeteó con fuerza.
―No te atrevas a meterte con mis hijas, Aristo, o te juro que soy capaz de cualquier cosa.
La rabia brilló un momento en sus facciones de su esposo para luego dar paso a una expresión de indiferencia.
―No tengo nada más que hablar contigo, Samantha, dejaré a Flavián para tu protección y para que te ayude con los documentos y trámites de tu regreso a Grecia. Debo vo