Capítulo 54

La furgoneta siguió avanzando lentamente entre la tormenta.

El parabrisas era una guerra constante entre la nieve que caía y los limpiaparabrisas que intentaban despejarla.

Dentro, el aire era denso. Demasiadas personas. Demasiado silencio. Demasiadas cosas que ninguno estaba dispuesto a decir en voz alta.

Annelise volvió a cerrar los ojos.

Intentaba ignorar el mareo que regresaba poco a poco, pero su cuerpo no parecía dispuesto a cooperar.

El olor del interior del vehículo —gasolina, cuero húm
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