La furgoneta siguió avanzando lentamente entre la tormenta.
El parabrisas era una guerra constante entre la nieve que caía y los limpiaparabrisas que intentaban despejarla.
Dentro, el aire era denso. Demasiadas personas. Demasiado silencio. Demasiadas cosas que ninguno estaba dispuesto a decir en voz alta.
Annelise volvió a cerrar los ojos.
Intentaba ignorar el mareo que regresaba poco a poco, pero su cuerpo no parecía dispuesto a cooperar.
El olor del interior del vehículo —gasolina, cuero húm