Capítulo 42

Luego de contemplarla por un largo rato, decidió cerrar los ojos para descansar y estar en perfecto estado para cuando le tocase relevar a Artem.

En algún punto logró conciliar el sueño, pero el movimiento brusco de la camioneta le hizo abrir los ojos.

El reloj del tablero anunciaba las tres de la mañana en punto y volteó a ver al pelirrojo, que lejos de estar cabeceando de sueño, estaba muy alerta, con los puños apretados al volante y la mirada huraña en los tres espejos.

Ya no estaban en la
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