Mundo ficciónIniciar sesiónLas damas entraban y salían y Martín seguía ahí parado, esperando. Más de una se lo quedó mirando como si fuera un pervertido. Quiso preguntarles si Verónica estaba adentro, pero no se animó. Hasta que una señora mayor entró y él estiró el cuello para echar un vistazo.
El gesto de la mujer lo apenó lo suficiente para que decidiera volver.







