A la madre de Verónica se le aflojaron las piernas. ¿Otra vez? ¿Para que tanta seguridad? ¡Para nada!
—¿Cómo que desapareció otra vez, Jerónimo?
—Si, no está. Fueron a un taller… ¿Qué taller? ¿A qué?
—¿Cómo voy a saberlo? —gritó —¡El auto de nuestra hija está en el garaje hace no sé cuánto!
Algo estaba al revés, Jerónimo se dio cuenta.
—Cálmate. Ya envíe gente para que la busque, llamaron a la policía.
—¡Esos inútiles no pudieron encontrarla la última vez!
El Clan entero volvió a alborotarse. L