Mi corazón latía tan fuerte que lograba escucharlo. Tragué en seco, me di media vuelta.
Miré a Zaiden, él estaba listo, todos lo estaban, asentí.
—Artiz, Sebastián, ustedes irán al frente. —Asintieron al instante.
Artiz se acercó a Cinnia y juntaron a los guerreros. Todos se movían; en el aire lo sentía, había tensión, miedo, claro, ¿cómo no estarlo? Si íbamos hacia una probable muerte, pero daríamos batalla; para eso estábamos entrenados.
—Zaiden, ve con mamá, es hora de que nos vean. —Me so