Días después. El amanecer aún estaba distante cuando Lucian entró en mi despacho, sus pasos firmes resonaban en el silencio que solo la oscuridad conoce, pero mi mente estaba a años luz de allí. Todavía podía sentir el fantasma de Emily, su presencia impregnada en el aire que respiraba, su risa vagando en mis pensamientos. Esa maldita pelirroja me tenía atrapado en una red de deseo y necesidad que ni siquiera mis poderes podían deshacer. Y lo peor de todo es que, aunque lo odiaba, lo disfrutaba