Neriah
Están ahí.
Kael, a mi izquierda, herido, jadeando, la camisa rasgada, el torso surcado de sangre, sus ojos llenos de sombra y oro. La respiración corta, animal. Los colmillos aún visibles. La rabia no del todo apagada.
Liam, a mi derecha, sus hombros demasiado anchos para este mundo, sus manos aún cargadas de electricidad, sus venas palpitan bajo la piel, su mirada incandescente, animal, rota. Su pecho se eleva, cada latido como un rugido contenido.
Y yo, en el medio.
No me muevo.
No huy