—Hiciste mal. Yo no estoy sola. Tengo un hombre que me adora y tiene recursos. Sus hermanos son también incondicionales.
—Lo sé. Quedó atrás, y te juro que es gracias a Jace. Siempre lo vi como mi amor imposible. Cuando él se acercó, me dijo que sabía qué había pasado y se comprometió a hacerme reír un poco cada día, comencé a renacer. Y lo ha hecho, a diario, con creces.
—Estoy alelada. Me alegra saber que ustedes están saliendo. Pero no voy a poder sacar tu relato de mi mente y de mi corazón,